La mujer en la antigua Grecia

Artículo

Mark Cartwright
por , traducido por Rosa Baranda
publicado el 27 julio 2016
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Texto original en inglés: Women in Ancient Greece

Las mujeres en el antiguo mundo griego tenían pocos derechos en comparación con los ciudadanos varones. Sin derecho a voto, a tener tierra, o heredar, el lugar de la mujer estaba en la casa y su propósito en la vida era criar hijos. Sin embargo esto es una descripción general, y al pensar en el papel de la mujer en la antigua Grecia hay que recordar que la información sobre ciudades-estado específicas a menudo es escasa, casi siempre proviene de escritores masculinos, y tan solo en Atenas se puede describir su estatus y su cometido detalladamente. Tampoco estamos seguros de la aplicación en la práctica cotidiana de las reglas y leyes que han sobrevivido desde la antigüedad. Sabemos que a las mujeres espartanas las trataban de manera algo diferente a las de otros estados. Por ejemplo tenían que hacer entrenamiento físico como los hombres, podían tener tierra y beber vino.

También había categorías de mujeres que están menos documentadas que otras, tales como las profesionales que trabajaban en tiendas, o como prostitutas y cortesanas; las normas sociales y las costumbres que se les aplicaban se conocen aún menos que las de las mujeres que pertenecían a las familias ciudadanas. Finalmente, en contraposición a lo que les tocaba a la mayoría de mujeres, algunas excepcionales, y excepcionalmente, consiguieron elevarse por encima de las limitaciones de la sociedad griega y ganarse un reconocimiento duradero como poetas (Safo de Lesbos), filósofas (Areta de Cirene), líderes (Gorgo de Esparta y Aspasia de Atenas), y médicas (Hagnódice de Atenas).  

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Symposiast & Hetairai
Symposiast & Hetairai
by Sebastià Giralt (CC BY-NC-SA)

Las mujeres en la mitología

Teniendo en cuenta su limitado papel en la sociedad, hay un elenco sorprendente robusto de mujeres en la religión griega y la mitología. Atenea, la diosa de la sabiduría y patrona de Atenas, destaca como una poderosa figura, bendecida con inteligencia, valor y honor. Al igual que en la mayoría de culturas de la antigüedad en las que la agricultura era crucial para la comunidad, las diosas de la fertilidad eran extremadamente importantes y especialmente veneradas; Deméter y Perséfone eran las más adoradas por los griegos.

Al igual que en la literatura de otras culturas de la antigüedad, dominada por los hombres, la mujer a menudo está representada como alborotadora, desde la celosa Hera hasta Afrodita que emplea sus encantos para hacer que los hombres pierdan el sentido. Los mitos y la literatura están llenos de personajes femeninos que lo intentan todo para descarrilar los planes de los héroes masculinos, desde la hechicera por antonomasia, Medea, hasta las mortíferas, a pesar de deseables, Sirenas. También puede que se las represente como si se rigieran solamente por la pasión salvaje y la emoción extática, como las Ménades. Por el contrario, la mujer casta ideal, leal a su marido ausente, está epitomizada por Penélope en la Odisea de Homero. Las Musas también son otra representación positiva, celebradas no solo por su belleza física sinto también por sus amplias habilidades en las artes. Si estos personajes ficticios tenían o no algún tipo de influencia en el papel de las mujeres en la vida real es una pregunta sin resolver, al igual que lo es una aún más intrigante: ¿qué pensaban las propias mujeres griegas de tales modelos creados por hombres? Puede que nunca lo sepamos.   

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Athena (after the East pediment of the Parthenon)
Athena (after the East pediment of the Parthenon)
by Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Niñas

Al igual que en muchas otras culturas agrarias dominadas por los hombres, las niñas corrían un riesgo mucho mayor de ser abandonadas por sus padres al nacer que los hijos varones. Los hijos de ciudadanos atendían a la escuela donde el currículo abarcaba la lectura, la escritura y las matemáticas.  Una vez dominado los básico, los estudios se dirigían hacia la literatura, con Homero, por ejemplo, la poesía y la música (especialmente la lira). El atletismo también era un elemento esencial en la educación de un joven. Las niñas recibían una educación similar a los niños, pero con un mayor énfasis en la danza, la gimnasia y el dominio de la música, que se podía mostrar en competiciones musicales y festivales y ceremonias religiosas. El objetivo de la educación de una niña era pepararla para su papel en la crianza de los hijos, no estimular directamente su desarrollo intelectual.

EL OBJETIVO DE LA EDUCACIÓN DE UNA NIÑA ERA PREPARARLA PARA LA CRIANZA DE LA FAMILIA, NO ESTIMULAR SU DESARROLLO INTELECTUAL.

Una parte importante de la crianza de una niña implicaba pederastia (no solo la practicaban hombres maduros y niños). Esta era una relación entre un adulto y una adolescente que incluía relaciones sexuales, pero además de la relación física el adulto actuaba como mentor de la joven y la educaba a través de la experiencia vital y la práctica de la persona más mayor.

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Chicas jóvenes

Se esperaba que las mujeres jóvenes llegaran vírgenes al matrimonio, que normalmente estaba organizado por el padre, que elegía el marido y aceptaba de él una dote. Si una mujer no tenía padre, entonces sus intereses (perspectivas de matrimonio y gestión de propiedades) estaban atendidos por un guardián (kyrios o kurios), puede que un tío u otro pariente masculino. Casadas normalmente a la edad de 13 o 14 años, el amor tenía poco que ver con la unión de marido y mujer (damar). Obviamente el amor podía surgir en la pareja, pero lo mejor que cabía esperar era philia: un sentimiento general de amor o amistad; eros, el amor del deseo, normalmente el marido lo buscaba en otras partes. Se esperaba que todas las mujeres se casaran; no había previsiones ni posiciones en la sociedad griega para las mujeres adultas solteras.

Greek Peplos Dress
Greek Peplos Dress
by Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

Mujeres casadas

En el hogar familiar, se esperaba que las mujeres criaran a los hijos y gestionaran las necesidades cotidianas del hogar. Contaban con la ayuda de esclavos si el marido podía permitírselos. No se alentaba el contacto con hombres que no fueran familia, y las mujeres en general ocupaban su tiempo en actividades de interior, tales como cardar lana o tejer. Podían salir y visitar las casas de los amigos y podían particiapr en ceremonias y festivales religiosos públicos. Que pudieran asistir o no a las representaciones teatrales sigue siendo un tema discutido por los expertos. Está más claro que las mujeres no podían asistir a asambleas públicas, votar u ocupar cargos públicos. Incluso el nombre de una mujer no se podía mencionar en público, por buenas o malas razones.  

Las mujeres casadas estaban, al menos a los ojos de la ley, bajo la autoridad total del marido. Escritores como Aristóteles no tenían ninguna duda de que las mujeres eran incapaces intelectualmente de tomar decisiones importantes por sí mismas. En la práctica, claro está, cada pareja puede haber compartido sus vidas de una manera más equitativa. Se esperaba que las mujeres fueran fieles a sus esposos, pero no así al contrario, ya que los maridos podían disfrutar libremente de los servicios de prostitutas, de amantes dentro del hogar y de cortesanas. Cualquier mujer que no preservara el honor de la familia (protegiendo así la legitimidad de la línea masculina) era culpable del grave crimen de moicheia lo que le prohibiría participar en las ceremonias religiosas públicas. Un marido que descubriese que su mujer tenía relaciones sexuales con otro hombre podía asesinar al amante sin miedo a ser procesado.  

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Si moría el padre de una mujer, normalmente esta no heredaba nada si tenía hermanos. Si era hija única, entonces el tutor o el marido, si estaba casada, se hacía cargo de la herencia. En algunos casos cuando una mujer soltera heredaba las propiedades de su padre se la obligaba a casarse con el familiar más cercano, normalmente un tío.  Las mujeres podían heredar a la muerte de otros parientes masculinos, siempre y cuando no hubiera parientes masculinos. Las mujeres tenían ciertas propiedades personales, que normalmente habían adquirido como regalos de sus parientes, normalmente en forma de ropa y joyería. No podían hacer testamento y a su muerte todas sus propiedades pasaban a manos de su marido.       

Head of Penelope
Head of Penelope
by Carole Raddato (CC BY-SA)

El matrimonio se podía terminar por tres motivos. El primero y más común era el repudio del marido (apopempsis o ekpempsis). No hacía falta dar explicaciones, y tan solo se esperaba la devolución de la dote. La segunda causa era que la mujer abandonara el hogar familiar (apoleipsis), y en este caso el nuevo guardián de la mujer tenía que actuar como su representante legal. Esto no solía ocurrir, ya que la reputación de la mujer en la sociedad se veía dañada. El tercer motivo era cuando el padre de la novia pedía que se le devolviera la hija, (aphairesis), probablemente para ofrecérsela a otro hombre con una dote más atractiva. Sin embargo, esta última opción solo era posible si la mujer no había tenido hijos. Si la mujer se quedaba viuda, tenía que casarse con un pariente cercano para asegurarse de que la propiedad quedaba en familia.

Otros roles

Obviamente las mujeres también existían en las otras clases de no ciudadanos. Como esclavas, habrían realizado todo tipo de tareas y también habrían trabajado en negocios tales como tiendas y panaderías. El grupo del que se tiene más información es el de las trabajadoras sexuales. Aquí las mujeres estaban divididas en dos categorías. La primera, y quizá la más común, era la prostituta de burdel (pornē). La segunda categoría era la prostituta de más clase (hetaira). Estas últimas estaban educadas en música (especialmente la flauta) y cultura, y a menudo tenían relaciones duraderas con hombres casados. También era esta clase de mujeres la que entretenía a los hombres (en todos los sentidos) en el famoso simposium, la fiesta privada para beber a la que solo acudían hombres.

Por último, algunas mujeres participaban en cultos y actuaban como sacerdotisas de ciertas deidades femeninas (Deméter y Afrodita especialmente), además de Dionisio. Las sacerdotisas, al contrario que sus homólogos masculinos, tenían la restricción añadida de que a menudo se las elegía, aunque no siempre, porque eran vírgenes o habían pasado la menopausia. Los adoradores, por el contrario, podían ser de ambos sexos, y aquellos rituales que tenían restricciones podían excluir tanto a hombres como a mujeres. Las Tesmoforias, los festivales de la fertilidad, eran el evento de esta clase más extendido, y solo atendían mujeres casadas. Cada año en Atenas cuatro mujeres jóvenes se seleccionaban para servir a la sacerdotisa de Atenea y tejer el peplo sacrado que adornaría la estatua de culto de la diosa. Puede que el papel religioso femenino más famoso fuera el de la anciana Pitia, el oráculo de Delfos que interpretaba las proclamaciones de Apolo.  

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora profesional de inglés y francés a español. Tiene un profundo interés por la historia, especialmente la antigua Grecia y Roma. Hoy en día traduce textos y clases sobre historia y filosofía entre otras cosas.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark is a history writer based in Italy. His special interests include pottery, architecture, world mythology and discovering the ideas that all civilizations share in common. He holds an MA in Political Philosophy and is the Publishing Director at AHE.