Babilonia

Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por María Mallorquín
publicado el 28 abril 2011

Texto original en ingles: Babylon

Lion of Babylon, Ishtar Gate (by Jan van der Crabben, CC BY-NC-SA)

Babilonia es la ciudad más famosa de la antigua Mesopotamia; sus ruinas se encuentran en la actual Irak, a 94 Km al suroeste de Bagdad. Se cree que el nombre proviene de bav-il o bav-ilim que en lengua acadia quiere decir “La puerta de Dios” o “Puerta de los dioses”, y Babilonia procede del griego.

La ciudad le debe su fama (y su infamia) a muchas de las historias que se cuentan en la Biblia y que no le son nada favorables. En el capítulo once del libro del Génesis, Babilonia aparece en la historia de la Torre de Babel donde los hebreos afirman que el nombre a la ciudad se debía a la confusión que reinó cuando Dios hizo que la gente empezara a hablar diferentes lenguas para que no pudieran completar la gran torre que llegaría a los cielos (Bavel en hebreo quiere decir confusión).

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Babilonia ostenta un lugar prominente en los libros bíblicos de Daniel, Jeremías e Isaías, y más concretamente en el Libro del Apocalipsis. Fueron esas referencias bíblicas las que renovaron el interés en la arqueología de Mesopotamia y las que propulsaron la expedición del arqueólogo alemán Robert Koldewey, quien sería el primero en excavar las ruinas de Babilonia en 1899 EC. Más allá de la mala reputación que tiene en la Biblia, la ciudad fue conocida por sus impresionantes muros y edificios, y por ser un gran centro intelectual además de por ser el primer lugar donde se establece un código de leyes anterior a la ley mosaica. Sus famosos jardines colgante consistentes en terrazas cubiertas de flora y habitadas por fauna, que eran regadas con maquinas que fueron citadas por escritores antiguos como una de las Siete Maravillas del mundo.

La antigua ciudad y Hammurabi

Babilonia se fundó en algún momento del previo al reinado de Sargón de Acad, también conocido como Sargón el Grande (2334-2279 AEC). Este rey afirmó haber construido templos en Babilonia; algunas fuentes antiguas indican que el mismo Sargón fundó la ciudad. En aquella época, Babilonia fue una ciudad pequeña o tal vez fue un gran puerto junto al río Eufrates en el punto en el que el río está más cerca de del Tigris. En cualquier caso, cualquiera que fuese el objetivo inicial de la ciudad se ha perdido debido a que el nivel freático de la región ha ido aumentando a lo largo de los siglos anegando las ruinas de la vieja Babilonia que son a día de hoy inaccesibles. Las ruinas que excavó Koldewey, y que aún son visibles, datan de mil años después de la fundación de la ciudad.

El historiador Paul Kriwaczek, entre otros, afirma que la ciudad fue establecida por los amorreos después del colapso de la tercera dinastía de Ur. Esta información, y otras pertenecientes a la vieja Babilonia, nos llegan mediante artefactos que se sacaron de la ciudad tras la invasión persa.

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Todos los escritores antiguos mencionan a Babilonia con respeto y fascinación

La historia conocida de Babilonia comienza con el famoso rey Hammurabi (1792-1750 AEC). Este misterioso príncipe amorrita ascendió al trono tras la abdicación de su padre, el rey King Sin Muballit, y rápidamente transformó la ciudad en una de las más poderosas e influyentes de Mesopotamia. El código de leyes de Hammurabi es bien conocido pero es solo un ejemplo de las políticas que introdujo para mantener la paz y la prosperidad; alzó y ensanchó los muros de la ciudad, se embarcó en grandes proyectos de obras públicas que incluyeron la construcción de templos y canales, e hizo que la diplomacia fuese parte integral de la administración. Tuvo tanto éxito en la gestión del reino y de la guerra que para 1755 AEC había unido toda Mesopotamia bajo el dominio de Babilonia, que se convirtió en la ciudad más grande del mundo conocido.

Los asirios, caldeos y Nabucodonosor II

Después de la muerte de Hammurabi, su imperio entró en crisis y vio reducido su tamaño y poder hasta el punto de que los hititas saquearon Babilonia fácilmente en 1595 AEC. Los casitas sucedieron a los hititas y renombraron la ciudad que pasó a llamarse Karduniash. El significado  este nombre no está claro. Después de los casitas llegaron los asirios que dominaron la región y durante el reinado del rey Senaquerib (reinó entre el 705-681 AEC) Babilonia se rebeló. Senaquerib saqueó la ciudad y dispersó las ruinas a modo de lección y como advertencia para otras comunidades. 

Estos actos no fueron aceptados entre el pueblo y la corte y terminó siendo asesinado por sus hijos. Su sucesor, Esarhaddon (r.681-669 AEC) reconstruyó la ciudad y la devolvió a su antigua gloria. Durante el reinado de Asurbanipal de Nínive (r. 668-627 AEC), la ciudad volvió a rebelarse pero fue asediada y derrotada por por las tropas del emperador, sin embargo no se daño el patrimonio. Ashurbanipal pensaba que con esta derrota había derrotado a los malos espíritus que habían causado los problemas. Para entonces la ciudad ya era un famoso centro cultural e intelectual.

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Babylon at the time of Hammurabi
Babylon at the time of Hammurabi
by MapMaster (CC BY-SA)

Tras la caída del Imperio asirio, un caldeo conocido como Nabopolasar tomó el trono de Babilonia y mediante cuidadosas alianzas creó el Imperio Neobabilónico. Su hijo, Nabucodonosor II (604-561 AEC) reformó la ciudad de tal manera que ocupó 900 hectáreas de terreno e impulsó la construcción de algunas de las más bellas estructuras de toda Mesopotamia. Con excepción de la Biblia, todos los escritores hablan de Babilonia con respeto y reverencia. Heródoto por ejemplo escribe lo siguiente:

La ciudad se encuentra en una explanada y forma un cuadrado perfecto con una longitud de ciento veinte estadios de tal forma que el perímetro tiene cuatrocientos ochenta estadios. A pesar de su tamaño, no hay ninguna otra ciudad que se le compare en belleza. La ciudad está rodeada de un foso ancho y profundo que está lleno de agua y detrás se levanta un muro de cincuenta codos de anchura y doscientos en altura.

Se cree que Heródoto exageraba en sus mediciones de la ciudad (puede que ni siquiera visitará la ciudad el mismo) pero sus descripciones transmiten la admiración que compartía con otros escritores de su tiempo, que recogieron por escrito la magnificencia de la ciudad, especialmente de sus grandes muros que eran una de las maravillas del mundo.

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Es durante reino de Nabucodonosor II cuando se construyeron los jardines colgantes y la puerta de Ishtar. La descripción más detallada de los jardines la hace Diodoro Sículo (90-30 AEC) en su trabajo Bibliotheca Historica, libro II.10:

También existieron los llamados Jardines Colgantes que no fueron construidos por Semiramis sino un rey sirio posterior que quería complacer a una de sus concubinas. Dicen que la concubina era de raza persa y echaba de menos los prados de sus montañas; es por ello que le pidió al rey que plantara un jardín que tuviera el paisaje distintivo persa. El parque tenía cuatrocientos pies griegos de lado a cada lado y tenía forma de teatro debido a que el camino de entrada al jardín tenía forma de montículo, y algunas de las partes de la estructura se levantaban sobre otras. Al mismo tiempo que se construían las terrazas ascendientes, se crearon galerías que llevaban todo el peso de la plantación del jardín y que se levantaban poco a poco la una sobre la otra; la galería de la cúspide, con cincuenta codos de altura era la superficie más alta del parque que estaba al mismo nivel del perímetro amurallado de la ciudad.

Más aún, los muros que fueron muy costosos, tenían veintidós pies de anchura mientras que las galerías que existían entre ellos tenían diez pies de anchura. Los tejados de las galerías estaban cubiertos con vigas de piedra de dieciséis pies de largo y cuatro pies de ancho. El techo sobre estas vigas tenía primero una capa de cañas colocadas en grandes cantidades de asfalto, sobre estas, dos caminos de ladrillo cocido al horno enlazados por cemento, y como tercera capa un revestimiento de plomo, con el fin de que la humedad del suelo no pudiera penetrar hacia abajo.

Encima de esta estructura, la tierra había sido apilada a una profundidad suficiente para las raíces de los árboles más grandes; Y el suelo, que estaba nivelado, estaba densamente plantado con árboles de todo tipo que por su gran tamaño o cualquier otro encanto, podría dar placer a espectador. Y como las galerías recibían la luz, contenían muchos alojamientos reales de todo tipo; también había una galería que contenía las aberturas que conducían desde la superficie más alta y desde las máquinas que se usaban para abastecer el jardín con agua, estas, subían agua en abundancia desde el río aunque nadie podía verlo. Ahora bien, este parque, como he dicho, fue una construcción posterior.

Esta parte del trabajo de Diodoro se refiere a la quasi mítica reina Semiramis (personaje que posiblemente se basa en la reina asiria Sammu-Ramat que reinó entre entre el 811-806 AEC). Cuando el autor se refiere a “un rey sirio posterior”, está siguiendo la tendencia de Heródoto de llamar Asiria a Mesopotamia. Algunos estudios recientes comentan que en realidad los Jardines Colgantes nunca estuvieron en Babilonia sino que se encontraban en Nínive y que fueron creación de Senaquerib. El historiador Christopher Scarre escribe:

El palacio de Senaquerib (Nínive) tenía todos los elementos principales de una gran residencia asiria: estatuas colosales de guardianes, y relieves de piedra de talla excepcional (se cuentan alrededor de 2000 relieves distribuidos por 71 estancias). Sus jardines también eran excepcionales. Recientes estudios llevados a cabo por la asirióloga Stephanie Dalley sugieren que aquí estaban los Jardines Colgantes, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Escritores posteriores sitúan los jardines en Babilonia, pero a pesar de que se han llevado a cabo investigaciones intensivas, no se ha encontrado evidencias. Los relatos del orgullo que Senaquerib sentía por los jardines que había creado en Nínive concuerdan con los de los Jardines Colgantes en importantes detalles (231).

Si los jardines hubiesen estado en Babilionia, habrían sido una parte central del complejo urbano. El río Eufrates dividía la ciudad en dos, la nueva y la vieja ciudad con el templo de Marduk y el gran Zigurat que se levantaba en el centro. Las calles y avenidas se ensancharon para permitir la procesión anual de Marduk en su camino desde su templo hasta el templo del Festival de año nuevo, que se encontraba fuera de la puerta de Ishtar.

Lion of Babylon Statue, Babylonia
Lion of Babylon Statue, Babylonia
by Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

La conquista persa y la decadencia de Babilonia

El Imperio neo babilonio perduró tras la muerte de Nabucodonosor II, y Babilonia continuó jugando un papel importante en la región bajo el mandato de Nabonides y su sucesor Belsasar (aparece en la Biblia, en el libro de Daniel). En el 539 AEC el imperio cayó en manos de los persas bajo el mandato de Ciro el Grande, en la batalla de Opis. 

Los muros de Babilonia eran inexpugnables, y es por ello que los persas crearon un plan que consistía en cambiar el curso del Eufrates para que bajara hasta una altura aceptable. Mientras que los residentes de la ciudad estaban distraídos en uno de sus grandes días religiosos, el ejército persa vadeó el río y marchó por debajo de los muros de Babilonia sin que nadie lo notase. Se dijo que la ciudad fue tomada sin lucha aunque algunos documentos de la época indican que se hicieron reparaciones en los muros y en algunas partes de la ciudad; es por tanto posible que la toma de la ciudad no fuera tan sencilla como los persas sostenían.

Durante la etapa persa, Babilonia floreció intelectualmente y se convirtió en un centro artístico y educativo. Ciro y sus sucesores dieron mucha relevancia a la ciudad y la hicieron la capital administrativa del imperio ( aunque en algún momento Jerjes tuvo la obligación de sitiar la ciudad tras unas revueltas). Las matemáticas babilónicas, la cosmología y la astronomía eran muy respetadas y se piensa que Tales de Mileto (conocido como el primer filósofo occidental) pudo haber estudiado en la ciudad, y que Pitágoras desarrolló su famoso teorema basándose en un modelo babilonio.

Tras doscientos años de dominación persa, el imperio cae ante Alejandro Magno en el 331 AEC; el emperador también dio una gran importancia a la ciudad y ordenó a sus hombres que no dañasen los edificios ni a sus habitantes. El historiador Stephen Bertman escribe:

Antes de su muerte, Alejandro ordenó tirar el Zigurat para que se pudiera reconstruir con mayor esplendor. No vivió para ver su proyecto completado. A lo largo de cientos de años, los ladrillos del Zigurat han sido usados para cumplir sueños mucho más humildes. Todo lo que queda de la fábula de La Torre de Babel, es el fondo de una charca.

Tras la muerte de Alejandro en Babilonia (323 AEC), sus sucesores conocidos como Los Diádocos, palabra griega que significa “sucesores”, lucharon por el control del imperio, y más concretamente por el control de Babilonia, hasta el punto de que sus habitantes se exiliaron para sobrevivir (según algunos documentos antiguos fueron “realojados”).

Para cuando los partos gobernaron la región en el 141 AEC, Babilonia había sido abandonada y había caído en el olvido. La ciudad fue poco a poco convirtiéndose en una ruina y a pesar de un breve periodo de resurgimiento durante los persas sasánidas, nunca se acercó a su antigua grandeza. Los musulmanes conquistaron estas tierras en el 650 EC y lo que quiera que quedara de la ciudad, fue arrasado y con el tiempo quedó enterrado bajo la arena. 

Durante los siglos XVII y XVIII EC, los europeos comenzaron a explorar este área volviendo a casa con artefactos. Estos bloques escritos en cuneiforme y las estatuas llevaron a acrecentar el interés en la región, y durante el siglo XIX EC, el interés en la arqueología bíblica llamó la atención de hombres como Robert Koldewey que descubrió las ruinas de la lengendaria ciudad llamada Puerta de los Dioses.

Agradecemos a Fernando Lizárraga por su asistencia editorial en la preparación de la traducción de este artículo para su publicación.

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About the Translator

María Mallorquín
María juggles her work as a Technical Writer in the Software industry with her career as a Historian specialized in Medieval Spain. She also holds a Masters in Translation by the University of Granada and is a published novelist.

About the Author

Joshua J. Mark
A freelance writer and former part-time Professor of Philosophy at Marist College, New York, Joshua J. Mark has lived in Greece and Germany and traveled through Egypt. He has taught history, writing, literature, and philosophy at the college level.