Akenatón

Definición

Joshua J. Mark
por , traducido por Rosa Baranda
publicado el 17 abril 2014
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Texto original en inglés: Akhenaten

Pharaoh Akhenaten, Cairo Museum (by John Bodsworth, CC BY)
Pharaoh Akhenaten, Cairo Museum
by John Bodsworth (CC BY)

Akenatón (reinado de 1353-1336 AEC) fue un faraón de la XVIII Dinastía del Imperio nuevo de Egipto. También se lo conoce como "Akhenatón", "Ajenatón", "Ecnatón" o "Ijnatón" y estos nombres todos se traducen como "con éxito para" o "de gran utilidad para" el dios Atón. Akenatón eligió este nombre cuando se convirtió al culto de Atón. Antes de su conversión era conocido como Amenhotep IV (o Amenofis IV). Era el hijo de Amenhotep III (1386-1353 AEC) y su esposa Tiye, marido de la reina Nefertiti y padre tanto de Tutankamón (con una de sus esposas menores, la dama Kiya) como de su esposa Ankhsenamón (con Nefertiti).

Su reinado como Amenhotep IV duró cinco años, durante los cuales siguió las políticas de su padre y las tradiciones religiosas de Egipto. Sin embargo, en el quinto año sufrió una profunda transformación religiosa, cambió su devoción del culto de Amón al culto de Atón y durante los siguientes 12 años se hizo famoso (o infame) como el "rey hereje" que abolió los ritos religiosos tradicionales de Egipto e instituyó la primera religión estatal monoteísta conocida del mundo y, según algunos, el propio monoteísmo.

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Su reinado se conoce como el periodo de Amarna porque trasladó la capital de Egipto del enclave tradicional en Tebas a la ciudad que él mismo fundó, Aketatón, que más tarde se llamaría Amarna (o también Tell el-Amarna). El periodo amarniense es la época más controvertida de la historia egipcia y se ha estudiado, debatido y se ha escrito sobre ella mucho más que ninguna otra.

Amenhotep IV se convierte en Akenatón

LAS REFORMAS RELIGIOSAS DE AKENATÓN HICIERON QUE ALGUNOS LO DESPRECIARAN COMO EL "REY HEREJE" Y OTROS LO ADMIRARAN COMO UN ADALIZ DEL MONOTEÍSMO.

Puede que Amenhotep IV reinara junto con su padre, Amenhotep III, y se ha señalado que el dios-disco conocido como el "Atón" aparece en varias inscripciones de este periodo temprano de su reinado. Atón no apareció como algo nuevo en el gobierno de Akenatón, y antes de la conversión de este era simplemente otro culto más entre los muchos del antiguo Egipto. Cabe señalar que "culto" no tenía el mismo significado en este sentido que tiene en la actualidad. Los dioses y las prácticas de los diferentes cultos todos representaban el mismo fin: la armonía y el equilibrio eternos.

Amenhotep III gobernó un país cuyo clero, concentrado en torno al dios Amón, había ido aumentando su poder poco a poco a lo largo de los siglos. Para cuando Amenhotep IV accedió al poder, los sacerdotes de Amón tenían casi la misma importancia y riqueza que la familia real. El historiador Lewis Spence dice:

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A excepción de Ra y Osiris, el culto de Amón estaba más extendido que cualquier otro dios en el valle del Nilo; pero las circunstancias en torno al desarollo de su culto ciertamente apuntan a que se diseminó más por motivos políticos que por propaganda religiosa. (137) 

Nefertiti Offering to the Aten
Nefertiti Offering to the Aten
by Elsie McLaughlin (CC BY-NC-SA)

Para la época de Amenhotep IV, el culto de Amón tenía más tierras que el rey. En el quinto año de su reinado, Amenhotep IV prohibió la antigua religión egipcia y se autoproclamó la encarnación viviente de la deidad todopoderosa conocida como Atón y, para el noveno año, había cerrado todos los templos y suprimido las prácticas religiosas. La historiadora Barbara Watterson escribe:

Para el noveno año de su reinado, Akenatón había proscrito todos los antiguos dioses de Egipto y había ordenado la clausura de sus templos; algo muy grave, ya que estas instituciones tenían un papel importante en la vida económica y social del país. La persecución religiosa era algo nuevo para los egipcios, que siempre habían adorado a muchas deidades y estaban siempre dispuestos a añadir aún más al panteón. Sin embargo el atonismo era una religión muy exclusiva, confinada a la familia real, con el rey como único mediador entre el ser humano y dios. (111-112)

Amenhotep IV trasladó la sede del poder del palacio tradicional en Tebas a uno que hizo construir en la ciudad que él mismo fundó, Aketatón, se cambió el nombre a Akenatón, y continuó con las reformas religiosas que hicieron que algunos escritores posteriores lo despreciaran, llamándolo "el rey hereje", mientras que otros lo admirarían como un adalid del monoteísmo.

El monoteísmo de Akenatón

Algunos historiadores han alabado las reformas de Akenatón como una primera instancia del monoteísmo y los beneficios de las creencias monoteístas, pero estas reformas no fueron en absoluto beneficiosas para el pueblo de Egipto en aquel momento. El historiador Durant, por ejemplo, escribe que las reformas de Akenatón fueron "la primera expresión destacada del monoteísmo, setecientos años antes de Isaías (de la Biblia) y un sorprendente avance desde las antiguas deidades tribales" (210). Sin embargo las "antiguas deidades tribales" de Egipto habían propiciado la paz, la armonía y el desarrollo de una de las culturas de la antigüedad más grandes que haya conocido el mundo.

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Stela of Akhenaten
Stela of Akhenaten
by Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

El politeísmo de los antiguos egipcios fomentaba una visión del mundo en la que se enfatizaban la paz y el equilibrio (ma'at) y la tolerancia religiosa no se consideraba un problema: ni siquiera existe una palabra que corresponda exactamente al concepto de "tolerancia religiosa" en los antiguos textos egipcios. Sin embargo, uno de los sellos distintivos de todo sistema de creencias monoteísta es que alienta la creencia de que, para que sea correcta, otros sistemas tienen que estar mal. La insistencia en ser el único juez de la verdad última conduce a la intolerancia de otras creencias y a su supresión; y esto es exactamente lo que ocurrió en Egipto. Sirviéndose de cinceles, borraron el nombre de Amón y de otros dioses de los monumentos de todo Egipto, cerraron los templos, y prohibieron las antiguas prácticas. El egiptólogo Zahi Hawass explica:

Fue en este punto del reinado de Akenatón cuandotuvo lugar la campaña para borrar el nombre de cualquier dios que no fuera Atón, especialmente Amón, de los monumentos de Egipto. Esto se hizo con violencia: borraron brutalmente los jeroglíficos de las paredes de templos y tumbas a golpe de cincel. Probablemente fueron iconoclastas analfabetos, al menos en parte, los que llevaron estas acciones a cabo se entiende que siguiendo las órdenes de su rey. [Akenatón] llevó a cabo una revolución religiosa como nunca se había visto antes en Egipto. (42-43).

Los sacerdotes de Amón que tenían los medios, a los que les dio tiempo, escondieron las estatuas y los textos de los guardias de palacio enviados para destruirlos y después abandonaron los templos. Akenatón ordenó a nuevos sacerdotes, o sencillamente obligó a los sacerdotes de Amón a servir en su nuevo monoteísmo, y se proclamó a sí mismo y a su reina como dioses.

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EL FARAÓN COMO SIERVO DE LOS DIOSES E IDENTIFICADO CON CIERTO DIOS ERA ALGO COMÚN, PERO NADIE ANTES DE AKENATÓN SE HABÍA PROCLAMADO COMO UN VERDADERO DIOS.

Descuido de los aliados de Egipto

El faraón como un siervo de los dioses, e identificado con un cierto dios (la mayoría de las veces Horus), era una práctica común en la antigua cultura egipcia, pero nadie antes de Akenatón se había proclamado a sí mismo un dios encarnado. Como dios, parece haber sentido que los asuntos de estado eran indignos de él así que sencillamente dejó de atender a sus responsabilidades. Uno de los muchos resultados desafortunados de las reformas religiosas de Akenatón fue el descuido de la política exterior.

Gracias a documentos y cartas de la época se sabe que otras naciones, antiguas aliadas, escribieron muchas veces a Egipto pidiendo ayuda en varios asuntos y que la mayoría de estas peticiones fueron ignoradas por el deificado rey. Egipto era una nación rica y poderosa en aquella época que había ido aumentando en poder desde antes del reinado de la reina Hatshepsut (1479-1458 AEC). Hatshepsut y sus sucesores, tales como Tutmosis III (1458-1425 AEC), tenían un enfoque que equilibraba la diplomacia y la acción militar en lo referido al contacto con otras naciones; Akenatón sencillamente decidió ignorar en gran medida lo que ocurría más allá de las fronteras de Egipto y, por lo visto, la mayoría de lo que ocurría fuera de su palacio de Aketatón.

Amarna, Northern Palace
Amarna, Northern Palace
by Chanel Wheeler (CC BY-SA)

Watterson señala que Ribaddi (Rib-Hadda), el rey de Biblos, que era uno de los aliados más leales de Egipto, envió más de 50 cartas a Akenatón pidiéndole ayuda para expulsar a Abdiashirta (también conocido como Aziru) de Amor (Amurru), pero ninguna recibió respuesta y Egipto perdió la amistad de Biblos (112). Tushratta, el rey de Mitani, que también había sido un estrecho aliado de Egipto, se quejó de que Amenhotep III le había mandado estatuas de oro mientras que Akenatón solo le había mandado estatuas bañadas en oro.

Las Cartas de Amarna

Las Cartas de Amarna, que es la correspondencia entre los reyes de Egipto y los de otras naciones encontrada en la ciudad de Amarna y que proporciona pruebas de la negligencia de Akenatón, también muestran que tenía un agudo sentido de la política exterior cuando la situación le interesaba. Reprendió severamente a Abdiashirta por sus acciones contra Ribaddi y por su amistad con los Hititas, que en aquel entonces eran enemigos de Egipto. Sin duda alguna, esto tenía más que ver con su deseo de mantener la amistad de los estados mediadores entre Egipto y la tierra de los Hatianos (Canaán y Siria por ejemplo, que estaban bajo la influencia de Abdiashirta) que con cualquier idea de justicia por la muerte de Ribaddi y la toma de Biblos.

No hay duda de que la atención prestada a este problema sirvió a los intereses de estado, pero como otros temas parecidos fueron ignorados, parece ser que solo elegía las situaciones que le interesaban personalmente. Akenatón hizo que trajeran a Abdiashirta a Egipto y lo encarceló durante un año hasta que los avances hititas en el norte lo obligaron a liberarlo, pero parece haber una marcada diferencia entre sus cartas relacionadas con esta situación y la demás correspondencia del rey sobre asuntos similares.

Amarna Letter from Burna-Buriash II to Amenhotep III
Amarna Letter from Burna-Buriash II to Amenhotep III
by Osama Shukir Muhammed Amin (CC BY-NC-SA)

Mientras que podemos ver que existen ejemplos de Akenatón ocupándose de los asuntos de estado, hay más que corroboran la afirmación de que no le interesaba nada más que sus reformas religiosas y la vida en palacio. Sin embargo cabe señalar que esto es algo muy debatido entre los expertos, al igual que lo es todo el llamado Periodo amarniense del gobierno de Akenatón. La preponderancia de las pruebas, tanto de las Cartas de Amarna como del decreto posterior de Tutankamón, así como los indicios arqueológicos, sugieren ampliamente que Akenatón era un gobernante muy mediocre en lo que respecta a sus súbditos, sus estados vasallos y su reinado. En palabras de Hawass, el suyo fue "un régimen centrado en el estado que había perdido interés en la política exterior" (45).

Cualquier prueba de que Akenatón se involucró en asuntos externos a su ciudad en Aketatón siempre resulta surgir de un interés personal en lugar de estatal. Hawass dice:

Sin embargo Akenatón no abandonó al resto del país y se retiró exclusivamente a Aketatón. Cuando estableció su ciudad también ordenó que se tallaran una serie de estelas limítrofes en los acantilados que rodean el emplazamiento. Entre otras cosas, estas afirman que si muriese fuera de su ciudad, su cuerpo debería llevarse de vuelta y enterrarse en la tumba que se estaba preparando para él en los acantilados orientales. Hay pruebas de que, como Amenhotep IV, llevó a cabo proyectos de construcción en Nubia, y había templos dedicados a Atón en Menfis y Heliópolis, y posiblemente en otros lugares. (45)

Aketatón y el arte de Amarna

La vida en el palacio de Aketatón parece haber sido su principal preocupación. La ciudad fue construida en tierra virgen en el centro de Egipto, mirando hacia el este y situada de manera precisa para que el sol de la mañana iluminara los templos y las entradas. La ciudad estaba:

Dispuesta paralela al río, con sus límites demarcados por estelas talladas en los acantilados que cercaban el emplazamiento. El propio rey asumió la responsabilidad de una planificación cosmológicamente significativa. En el centro de la ciudad el rey construyó un palacio de recepciones formal donde podría reunirse con funcionarios y dignatarios extranjeros. Los palacios en los que vivían él y su familia estaban al norte y había un camino que conducía de la vivienda real al palacio de recepciones. Cada día, Akenatón y Nefertiti iban en procesión con sus carruajes de un extremo de la ciudad al otro, reflejando así el viaje del sol a través del cielo. En esto, y en muchos otros aspectos de sus vidas que nos han llegado a través del arte y otros textos, Akenatón y Nefertiti estaban considerados, o al menos ellos se consideraban, como divinidades por derecho propio. Tan solo se podía adorar a Atón a través de ellos: eran tanto sacerdotes como dioses. (Hawass, 39)

El arte al que Hawass hace referencia es otra desviación importante durante el periodo amarniense de las épocas anteriores y posteriores de Egipto. A diferencia de las imágenes de otras dinastías de la historia de Egipto, el arte del periodo amarniense muestra a la familia real con cuellos y brazos alargados y piernas cenceñas. Algunos eruditos han propuesto la teoría de que a lo mejor el rey "sufría un trastorno genético llamado síndrome de Marfan" (Hawass, 36) lo que explicaría estas representaciones de él y su familia tan delgadas y con proporciones aparentemente extrañas.

Sin embargo, una explicación mucho más probable de este tipo de arte son las creencias religiosas del rey. El Atón se veía como el único y verdadero dios que presidía sobre todo y daba vida a todas las cosas. Se concebía como un disco solar hundido cuyos rayos terminaban en manos que tocaban y acariciaban a los habitantes de la Tierra. Así que puede que el alargamiento de las figuras en estas imágenes pretendiera mostrar la transformación humana cuando estaba tocada por la fuerza del Atón.

Akhenaten and the Royal Family Blessed by Aten
Akhenaten and the Royal Family Blessed by Aten
by Troels Myrup (CC BY-NC-ND)

La famosa estela de Akenatón, que representa a la familia real, muestra los rayos de Atón tocándolos a todos, y cada uno de ellos, incluida Nefertiti, está representado con el mismo alargamiento que el rey. Considerar estas imágenes representaciones realistas de la familia real, afectada por algún síndrome, parece ser un error puesto que no había razón para que Nefertiti compartiera el supuesto síndrome del rey. Por tanto esta representación podría mostrar a Akenatón y Nefertiti como aquellos que habían sido transformados a una existencia divina a través de su devoción a Atón hasta tal punto que su fe se ve incluso en sus hijas.

El otro aspecto que diferencia al arte del periodo amarniense de otros periodos anteriores y posteriores es la intimidad de las imágenes, cuyo mejor ejemplo es la estela de Akenatón que muestra a la familia disfrutando la compañía mutua en un momento privado. Las imágenes de los faraones antes y después de este periodo muestran al gobernante como una figura solitaria ocupada en la caza o la lucha, o de pie en compañía de un dios o su reina, con dignidad y honor. Esto también se puede explicar como algo derivado de las creencias religiosas de Akenatón, dado que Atón, y no el faraón, era la consideración más importante y bajo la influencia del amor y la gracia de Atón, el faraón y su familia prosperan.

El monoteísmo de Akenatón y su legado

Esta imagen de Atón como una deidad todopoderosa y llena de amor, de creador supremo y sustentador del universo, se cree que ha tenido una importante influencia en el desarrollo posterior de la fe religiosa monoteísta. Tanto si Akenatón tenía motivaciones políticas para suprimir el poder del culto a Amón como si experimentó una verdadera revelación religiosa, fue el primero de la historia que se conoce en imaginar una única deidad suprema que cuidaba de las vidas individuales y el destino de los seres humanos. Sigmund Freud, en su obra de 1939 EC, Moisés y la religión monoteísta, argumenta que Moisés era un egipcio que había sido adepto del culto a Atón y que fue expulsado de Egipto tras la muerte de Akenatón y la vuelta al antiguo paradigma religioso. Freud cita a James Henry Breasted, el conocido arqueólogo:

Es importante señalar que su nombre, Moisés, era egipcio. Sencillamente es la palabra egipcia "mose" que quiere decir "niño" y es un diminutivo de nombres completos como "Amen-mose" que significa 'Amón-un-niño' o 'Ptah-mose' que significa "Ptah-un-niño"... y el nombre de Mose, "niño", no es raro en los monumentos egipcios. (5)

Freud reconoce que el culto a Atón existía mucho antes de que Akenatón lo elevara a la prominencia, pero señala que Akenatón añadió un componente desconocido anteriormente en las creencias religiosas: "Añadió algo nuevo que se volvió monoteísmo, la doctrina de un dios universal: la cualidad de exclusividad" (24). El filósofo griego Jenófanes (c. 570-478 AEC) experimentaría más tarde una visión similar de que la multitud de dioses de las ciudades-estado griegas no eran sino vanas imaginaciones y solo había un único dios verdadero y, aunque compartió esta visión mediante su poesía, nunca estableció esta creencia como una nueva manera revolucionaria de entenderse a sí mismo y al universo. Tanto si se considera a Akenatón como un héroe o un villano de la historia de Egipto, su elevación de Atón a la supremacía cambió no solo la historia del país, sino el curso de la civilización mundial.

Akhenaten Stele
Akhenaten Stele
by wikipedia user: Maksim (Public Domain)

Sin embargo, para aquellos que vinieron después de él en Egipto, Akenatón era el "rey hereje" y "el enemigo" cuya memoria debía de erradicarse. Su hijo, Tutankamón (c. 1336-1327AEC) recibió el nombre de Tutankatón al nacer, pero se cambió el nombre al acceder al trono para reflejar su rechazo del Atonismo y su devolución del país a los ritos de Amón y los antiguos dioses. Los sucesores de Tutankamón, Ay (1327-1323 AEC) y especialmente Horemheb (c. 1320-1292 AEC) destruyeron los templos y los monumentos construidos por Akenatón en honor a su dios e hicieron eliminar su nombre y el de sus sucesores inmediatos de los registros.

De hecho, Akenatón fue un desconocido de la historia egipcia hasta el descubrimiento de Amarna en el siglo XIX EC. Las inscripciones de Horemheb lo nombraban a este como el sucesor de Amenhotep III y no mencionaban a los gobernantes del periodo amarniense. La tumba de Akenatón fue descubierta por el gran arqueólogo Flinders Petrie en 1907 EC y la de Tutankamón, más conocida, por Howard Carter en 1922 EC. El interés por Tutankamón se extendió a la familia del "rey dorado", así que la atención volvió a recaer en Akenatón tras casi 4.000 años. Sin embargo, su legado de monoteísmo, si Freud y los demás están en lo cierto, influyó en otros pensadores religiosos que emularon su ideal de un único dios verdadero y rechazaron el politeísmo que había caracterizado las creencias religiosas de la humanidad durante milenios.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora profesional de inglés y francés a español. Tiene un profundo interés por la historia, especialmente la antigua Grecia y Roma. Hoy en día traduce textos y clases sobre historia y filosofía entre otras cosas.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
A freelance writer and former part-time Professor of Philosophy at Marist College, New York, Joshua J. Mark has lived in Greece and Germany and traveled through Egypt. He has taught history, writing, literature, and philosophy at the college level.